Se me ocurre, que a veces apetece irse a un parque, la playa o nuestro jardín no sólo para pasar la tarde viendo el aire moverse,  sino hacer algo creativo como por ejemplo un picnic artístico: en vez de comida, pinturas, en lugar de cubiertos pinceles, en vez de mantel,  cartones y sobre todo, en lugar de manchar en casa llevamos el pringue lejos.


Eso hicimos hace dos semanas, pero en el jardín de casa.



Salió el primer sol serio de la temporada, ese que de verdad brilla y te llena el tanque de alegría y optimismo. Teníamos que repostar unos buenos litros de sol del bueno y en vez de ponernos tumbados como lagartos en un rincón (algo estupendo, por cierto)  nos dio por pintar todo lo que cayó en nuestras manos. Piedras, trozos de madera y hasta un neumático usado que transformaremos en un columpio en la próxima tarde boba que tengamos.



Lo de los tacos de madera era porque me apetece preparar este año un huerto grande y quería pintarlos de negro para que me sirvan de carteles pero no sé si los utilizaré.

Las piedras fueron una idea de Paolo porque quería transformalas en animales para decorar el jardín (que también es otro proyecto que haremos en las próximas semanas)





Y el neumático lo encontramos en el garaje y no pudimos evitar llenarlo de pinturas de manera compulsiva, con auténtico gusto.





Fue un placer que os recomiendo que hagáis vosotros si tenéis la oportunidad. Pintar, pintar sin parar, en cualquier lugar como si de un picnic artístico se tratara. Lo de menos, como siempre, es el resultado.


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