El experimento de hoy es demasiado sencillo como para que no os entren  ganas de probarlo. 
Es muy curioso y sobre todo a vuestros hijos se les pondrá una cara de asombro parecida a la que puso el mío cuando lo hicimos.  




MATERIAL:

- Un cubito de hielo (Yo puse dos)
- Una cuerda o un hilo
- Sal
- Un vaso con agua




Poned en un vaso lleno con agua un cubito (yo puse dos).




Posad la cuerda o el hilo en el cubo que flota en el agua y echadle un pellizquito de sal encima.
.



Esperad unos 20 segundos y levantad la cuerda. Por arte de magia el hielo se quedará pegado a la cuerda durante un buen rato



Explicación:
El agua salada tiene un punto de congelación inferior al del agua normal. Cuando ponemos el  hielo en el vaso, se deshace mientras que el agua comienza a enfriarse, para llegar al equilibrio dinámico. Al poner la sal en el hielo, éste se deshace, se licua, pero como lleva una concentración de sal, recupera el punto de congelación alrededor del hilo que hemos apoyado, haciendo que se quede helado dentro del cubito.
Así que cuando levantamos el hilo nos lo llevamos con el cubo incluido.





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